
JUMPER
Doug Liman es uno de esos directores a los que se les va cogiendo cariño a medida que se van viendo sus películas… bueno, hasta el momento en que uno sale de ver la última y se pregunta si realmente era él quien la había dirigido o había sido un tipo alemán que tenía un nombre muy parecido al suyo.
Si repasamos un poco su carrera como director veríamos que después de flirtear con la comedia en sus dos primeros trabajos, dio un gran salto de calidad con E caso de Bourne (2002), demostrando a todo el mundo que no sólo de James Bond se nutre el cine de espias. Seguidamente le tocó rodar con dos super estrellas como Angelina Jolie y Brad Pitt en Sr. y Sra. Smith (2005), y consiguió entretener a toda la familia con una comedia de agentes secretos muy bien orquestada. Y ahora le ha caído en las manos una verdadera patata caliente, un film que parte con la etiqueta de Blockbuster y que tiene todos los números de convertirse en una nueva franquicia, con dos o tres partes posteriores pero, ¿será así?.
Su argumento, aún siendo una burda copia de las habilidades demostradas por Son Goku en Bola de Drac o por un más contemporáneo Hiro Nakamura, es bastante llamativo: un joven adquiere un poder milenario que le permite teletranpostarse en el espacio; un atractivo Hayden Christensen dejará el lado oscuro de la fuerza para convertirse, sin comerlo ni beberlo, en un Jumper; repentinamente adquirirá esta habilidad que le permitirá robar todos los bancos que se le antoje y realizar en una sola mañana actividades tan diversas como tomarse un café en París, hacer sur en las Maldivas, una siestecita en el kilimanjaro o conseguir el teléfono de una chica Polaca en Río de janeiro. El problema es que la chulería y la prepotencia del personaje ejercen un efecto contrario en el espectador que, en lugar de identificarse con el protagonista, le llega a coger bastante tirria por lo lelo que parece. Christensen confesaba que quería elegir cuidadosamente cada uno de los papeles que protagonizaría después de encarnar a Anakin Skywalker en Star Wars, ya que no quería convertirse en el nuevo Mark Hamill y encasillarse en un personaje; pues les aseguro que no ha de ser uno muy avispado cuando le cae en sus manos un guión que empieza con la frase “No siempre he sido así, antes era una personal normal, un pringao, como vosotros”, para darse cuenta que no tiene en su poder una nominación a los Óscars¿ no les parece a ustedes?.
Como siempre sucede en estas películas, para mantener el equilibrio del universo aparecerá un grupo de mercenarios encargados de destruir a los saltadores del tiempo, los Paladines, que estarán capitaneados por un siempre efectivo Samuel L.Jackson, que no tendrá otra misión que ser el hombre del saco de los Jumpers. A Samuel lo hemos visto caracterizado de muchas maneras, pelo afro en Shaft y pulp fiction, trencitas jamaicanas en Jackie Brown, o calborotas en Star Wars; pero en Jumper se lleva la palma de la cutrez y mal gusto: parece un puñetero clic de famobil com ese pelo de color “blanco españa” que parece que se lo hayan insertado en la cabeza como las pelucas de los muñequitos de marras.
La verdad es que los Paladines y los Jumpers aparecen de la nada y se quedan en eso, en unos simples calificativos para unos personajes que no tiene nada de trasfondo, ni una historia, ni unos precedentes ni nada de nada, confiriéndole a todo ello una apariencia de gran queso grullere por la cantidad de agujeros que presenta la historia que nos intentan contar. De igual manera hay dos personajes que me dejaron un poco traumatizado: el primero seria la amiguita con derecho a roce de Christensen, Rachel Bilson, que a pesar de acompañar al protagonista en gran parte de la película aporta menos a ésta que el mueble que tengo en el comedor de mi casa, y el segundo es la madre del muchacho, Diane Lane, que aparece menos que Marlon Brando en Superman, y que por lo visto lo abandonó de pequeño con su padre y ahora es la jefa de los Palantines (no entiendo nada se lo aseguro) .
Dadas las circunstancias, todo este acúmulo de despropósitos hacen de Jumper una clara candidata para convertirse en una de las peores película de ciencia ficción del año, pero como hoy estoy un poco sentimentaloide no me gustaría dejarles con un mal sabor de boca y por eso les recomendaré un par de cosillas: su duración , 83 minutos, perfectos para dar una buena cabezada en las cómodas butacas de los multicines; y su banda sonora, compuesta por John Powel, que colaboró también en los dos anteriores trabajos del director y es el responsable de las dos posteriores partes de Bourne, the Italian Job y de X-men: la decision final.
Al menos, si se desesperan tanto como yo después de verla siempre les quedará disfrutar de una buena composición musical.






